Me engendraron una meiga de Milleirós y un loco de Sants la noche de La Mercè de 1970. Crecí escuchando cuentos de otras tierras con la banda sonora de un tiempo y un país que ya no son los mismos afortunadamente. Eran cuentos de lugares lejanos y mágicos, en dónde las mariposas son “bolboretas”, los caminos están llenos de brezo y de bandidos , el mar de catedrales y el océano te lleva a puertos lejanos donde perderte para sobrevivir. Y eran cuentos demetro, de bombas, de hambre, de tiritas, de clavos y pizarras, y de patines y cojinetes. Cuentos en los que mi padre era el mecánico de los patinetes de los demás y el hijo huérfano de aquel republicano del que poco se sabía…
Apenas cuatro documentos suyos se salvaron de la quema de mi abuela. El miedo y el hambre terminaron con la historia de mi abuelo. Y nunca hemos podido saber quién fue. Me quedan sus mismos ojos de mar brava y su carné de socio nº 211 de la Sociedad Pajaril Aurora…
Con el tiempo descubrí que la memoria, la memoria histórica, es importante y necesaria. Mi abuelo me dejó las dudas y mi padre me enseñó el amor por la curiosidad. Intenté averiguar cosas sobre él, pero no pude… Así que uno de estos días me lo voy a inventar todo…
0 comentarios:
Publicar un comentario