Hace cuatro meses de esa foto. La hicimos en Canet de Mar, el primer sábado que pasamos todos juntos. Napoleón había llegado el jueves por la mañana y estábamos conociéndonos. Recuerdo que fuimos a la pineda que hay detrás del apartamento de mis padres, Marmota corría feliz, como siempre que está en la montaña y Napoleón estaba tan desubicado que no se sabía si iba o venía. Aún llevaba enganchada la chapa de la protectora. Se cansaba y no había manera de lograr que siguiera caminando. No podía con su alma, no estaba acostumbrado.
Jamás olvidaré la primera vez que le vi, aquella mirada en una pequeña

foto en un foro de adopciones (muy utilizado por las protectoras para difundir casos urgentes), una mirada de profunda tristeza y de abandono. Llegó temprano a casa, venía en furgoneta desdeSegovia, dónde Ángeles -la responsable de adopciones de Segovia- lo había metido en una jaula para que viajara toda la noche hasta Barcelona. Cumplimos con el protocolo que se nos había indicado desde la protectora. Las primeras horas, los primeros días son decisivos en la adaptación del animal a su nuevo hogar. Teníamos que presentarlos en la calle. Marmota debía aceptarlo y él tenía que acostumbrarse a una nueva jerarquía, a un nuevo grupo. Al subir a casa, se bebió medio Llobregat en apenas unos minutos. Aquel jueves no probó bocado y no conseguimos que orinara. Es muy típico, tienen un miedo terrible al rechazo y evitan cualquier gesto que crean pueda molestar al nuevo grupo. Napoleón no quería marcar su nuevo territorio hasta estar seguro de cuál era su papel. Han llegado a darse casos en los que el animal llega a estar casi tres días sin orinar, sólo por miedo. Finalmente el viernes por la tarde, no aguantó más y lo felicitamos como nos dijo Ángeles, como si hubiese sacado notarías .
Me engendraron una meiga de Milleirós y un loco de Sants la noche de La Mercè de 1970. Crecí escuchando cuentos de otras tierras con la banda sonora de un tiempo y un país que ya no son los mismos afortunadamente. Eran cuentos de lugares lejanos y mágicos, en dónde las mariposas son “bolboretas”, los caminos están llenos de brezo y de bandidos , el mar de catedrales y el océano te lleva a puertos lejanos donde perderte para sobrevivir. Y eran cuentos demetro, de bombas, de hambre, de tiritas, de clavos y pizarras, y de patines y cojinetes. Cuentos en los que mi padre era el mecánico de los patinetes de los demás y el hijo huérfano de aquel republicano del que poco se sabía…
Apenas cuatro documentos suyos se salvaron de la quema de mi abuela. El miedo y el hambre terminaron con la historia de mi abuelo. Y nunca hemos podido saber quién fue. Me quedan sus mismos ojos de mar brava y su carné de socio nº 211 de la Sociedad Pajaril Aurora…
Con el tiempo descubrí que la memoria, la memoria histórica, es importante y necesaria. Mi abuelo me dejó las dudas y mi padre me enseñó el amor por la curiosidad. Intenté averiguar cosas sobre él, pero no pude… Así que uno de estos días me lo voy a inventar todo…
Todo sabe a desconexión, todo huele a desconexión, todo suena a desconexión…
Mañana, a estas horas, Catalogo andrea estaré en la carretera, muy lejos ya. Lo suficiente como para no poder darme la vuelta, para no poder decirle: “siento pereza, qué paliza, regresemos…” Zapatos andrea.
El misterio y el descubrimiento de otras luces, otros cielos, otros mundos son para mí las pequeñas pérdidas de conciencia que suponen cualquier viaje, a cualquier parte… Pero yo no voy a cualquier parte esta vez. Me voy con ellos, con mi microcosmos particular, a ver el océano. Me voy a sentarme frente a una ventana que me muestre la ría, las gaviotas, los barcos, las nubes y el infinito, mientras las primeras manos que me acariciaron me preparan el desayuno… Me voy a oler, oír, ver, degustar y abrazar la mitad de mi esencia. Me voy, yo también, a la tierra mágica de mi madre. Me voy a por bolboretas y brezo y begonias y dalias, me voy a por sal y morriña… Zapatos andrea
La pequeña muerte de cualquier viaje me espera: lo que dejas y lo que traes, lo que llevas y lo que tomas…
Pasado mañana, a estas horas, estaré frente a otra ventana… Y el otro, y el otro, y el otro… Y así hasta que sienta que la pequeña muerte de este viaje se ha apoderado de mi lo suficiente como para tener la certeza de que me da pereza regresar… Zapatos andrea.
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